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La huella ambiental de los perros es comparable a las pequeñas explotaciones ganaderas

La huella ambiental de los perros es comparable a las pequeñas explotaciones ganaderas

Los dueños de perros también pueden reducir la huella ambiental optando dietas con ingredientes que generen menos gases de efecto invernadero, como aves.

La domesticación de los perros y su total dependencia del cuidado humano conlleva una responsabilidad no solo por su salud, sino también por las consecuencias ambientales, especialmente a medida que ha aumentado la conciencia ecológica sobre la cría de animales en los últimos años. Se ha prestado mucha atención a la presión ejercida por la ganadería y sus emisiones asociadas de gases de efecto invernadero (GEI). En cambio, la huella ecológica que dejan los animales de compañía rara vez se considera, a pesar de que su presencia constituye una carga ambiental significativa.

Actualmente, se estima que en el mundo viven cerca de mil millones de perros, incluyendo tanto los que tienen dueño como los que viven en libertad. Esta magnitud no se contempla en ninguna de las estimaciones existentes de emisiones o impactos ambientales relacionados con la producción de residuos. La magnitud de este problema se ilustra aún más con el tamaño del mercado de alimentos, accesorios y servicios veterinarios para mascotas, que superó los 200 mil millones de dólares en 2021. Tan solo en la Unión Europea, la Federación Europea de la Industria de Alimentos para Mascotas (FEDIAF) informa que se producen anualmente cerca de 10 millones de toneladas de alimento para perros y gatos. El consumo per cápita es mayor en los perros, con un promedio de 37,3 kg al año.

En Estados Unidos, se ha calculado que la demanda energética de perros y gatos representa casi el 20 % del consumo calórico humano. Las dietas basadas principalmente en carne y productos de origen animal imponen una carga ambiental adicional. Las aves de corral y la carne de res son las fuentes de proteína más comunes en los alimentos comerciales para mascotas. La cantidad de carne necesaria para satisfacer las necesidades nutricionales de los perros puede ser comparable a la de una dieta humana, a pesar de que los humanos, aunque tienen mayor masa corporal, consumen alimentos más variados y mayoritariamente de origen vegetal. Esta relación suele pasar desapercibida para los dueños de mascotas, ya que los perros no suelen ser percibidos como emisores ni consumidores de recursos naturales. Sin embargo, su dieta rica en carne genera una huella ambiental significativa, debido principalmente a la ausencia de sustitutos de origen vegetal.

 

Huella ambiental de los perros

Estos animales también producen más de 5 millones de toneladas de heces al año, lo que equivale a casi el 30 % de la producción fecal humana total en Estados Unidos. Según un análisis del ciclo de vida (ACV), se determinó que la tenencia de perros representa aproximadamente el 7 % de la huella de carbono anual de un ciudadano promedio en la Unión Europea.

Por lo tanto, el objetivo de un estudio elaborado en Polonia es evaluar críticamente la huella ambiental de los perros, con especial atención a las emisiones y la carga de nutrientes derivadas de sus excrementos, así como a los residuos asociados. “Al llamar la atención sobre esta fuente de impacto ambiental a menudo ignorada, buscamos enfatizar la necesidad de realizar más investigaciones, desarrollar estrategias de mitigación e incluir a los perros en sistemas de información ambiental más amplios”, indican. En definitiva, este trabajo pretende concienciar tanto a la comunidad científica como a la sociedad en general, recalcando que la huella ambiental acumulativa de los perros no debe seguir siendo ignorada.

 

Impacto ecológico de las heces de los perros

La revisión comenzó hablando de la composición de las heces de perro y factores dietéticos que afectan a sus propiedades, así como el potencial fertilizante de las heces de perro y los desafíos del compostaje. Indican que un factor importante que determina la eficiencia del compostaje es la relación carbono-nitrógeno (C:N). El estiércol de ganado suele tener una relación C:N mayor que las heces de perro debido a la dieta rica en carbohidratos de los animales de granja. Una relación C:N de entre 25:1 y 30:1 se considera óptima para un compostaje eficaz, ya que minimiza las pérdidas de nitrógeno. En cambio, las heces de perro se caracterizan por una relación C:N mucho menor, aproximadamente 8:1. Este material rico en nitrógeno, sin un aporte adicional de carbono, puede dificultar el proceso de compostaje, lo que conlleva emisiones excesivas de amoníaco (NH₃ ) y la alteración del equilibrio microbiano del compost. Por ello, “para un compostaje eficaz de las heces de perro es necesario añadir materiales ricos en carbono como serrín, paja u hojas secas”.

Otra preocupación importante destacada por los autores y relacionada con el uso de heces de perro como fertilizante es la presencia de patógenos. El contacto directo supone un riesgo zoonótico debido a la frecuente presencia de especies como Toxocara canisCampylobacter jejuni y Echinococcus granulosus.

Por estas razones, concluyen que el potencial de las heces de perro como fertilizante sigue siendo limitado, y su compostaje requiere mayor investigación y soluciones tecnológicas específicas.

En cuanto al fósforo, si bien la contaminación del suelo por heces puede controlarse parcialmente mediante su recolección y eliminación, no existe tal control sobre la orina, que se infiltra directamente en el suelo. En este punto, recogen un estudio sobre la contaminación por nutrientes en la escorrentía urbana que desemboca en el río Misisipi. Sorprendentemente, el 76 % del fósforo procedente de los residuos domésticos se atribuyó a las de las mascotas. Los análisis revelaron, además, que aproximadamente la mitad del fósforo excretado por los perros se libera a través de la orina, lo que dificulta especialmente su control. “A diferencia de las heces, que pueden recogerse (al menos en teoría), la orina se vierte normalmente directamente sobre las superficies urbanas, lo que provoca una dispersión incontrolada de fósforo en el medio ambiente”.

 

Envases, plásticos y productos de higiene

Si bien las emisiones gaseosas siguen siendo el aspecto más estudiado del impacto ambiental, los residuos relacionados con envases y materiales sintéticos representan otros factores, a menudo ignorados, que contribuyen a la huella ecológica de tener un perro.

A primera vista, exponen que las rutinas diarias como pasear, jugar y alimentar a los perros pueden parecer ajenas a la contaminación ambiental. Sin embargo, “estas actividades aparentemente inofensivas generan una cantidad considerable de residuos secundarios: envases de comida para mascotas, bolsas para excrementos, correas rotas, juguetes y camas de materiales sintéticos, y accesorios de aseo usados; todos los cuales pueden degradarse en microplásticos”.

Las decisiones de consumo de los dueños de perros también influyen en el impacto ambiental del cuidado de sus mascotas. El mercado ahora ofrece no solo bolsas de plástico convencionales para desechos, sino también alternativas biodegradables. Otro aspecto importante son las emisiones asociadas a los envases de alimentos para mascotas. El creciente número de animales de compañía ha impulsado una mayor demanda de alimentos, golosinas y diversos formatos de envase para perros. Muchos productores aún utilizan materiales no biodegradables ni compostables, lo que genera emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) durante su producción y eliminación.

En este sentido, comentan que la Unión Europea continúa implementando normativas ambientales cada vez más avanzadas que abarcan los envases para productos de animales de compañía. El Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR), adoptado en 2024, prohíbe los plásticos oxodegradables, restringe los envases de un solo uso y exige que el diseño de los envases priorice la reutilización y el reciclaje.

 

Soluciones para paliar el impacto ambiental de los perros 

Los autores también se han propuesto redactar posibles soluciones a la problemática tratada, resaltando que “la forma más sencilla de mitigar las emisiones de las heces caninas es proporcionarles dietas nutricionalmente equilibradas, adaptadas a su peso, edad y nivel de actividad”. Esto es especialmente importante para los aminoácidos, ya que cualquier exceso se metaboliza o se excreta. Los dueños de perros también pueden reducir activamente el impacto ambiental de sus mascotas eligiendo dietas con ingredientes que generen menos gases de efecto invernadero (GEI). Por ejemplo, la carne de ave tiene un impacto ambiental considerablemente menor que la de res o cordero. También han comentado el uso de piensos a base de insectos como alternativa más ecológica. 

“El análisis del impacto ambiental de los perros subraya la necesidad de dejar de considerarlos únicamente como animales domésticos”, resaltan. A diferencia del ganado, cuyas emisiones se han monitorizado sistemáticamente durante décadas, “los perros siguen estando prácticamente ausentes de estas evaluaciones a pesar de su enorme población mundial”. Sin embargo, en zonas urbanas densamente pobladas, “las emisiones asociadas a los perros pueden alcanzar niveles comparables a los de las pequeñas explotaciones ganaderas”.

A largo plazo, armonizar los marcos legales e incorporar a los perros en los inventarios de emisiones nacionales e internacionales podría resultar esencial. Dicha integración “permitiría una cuantificación más precisa de su impacto ambiental y respaldaría el desarrollo de estrategias de mitigación basadas en la evidencia”.